Virginia la loca. Virginia Woolf.

No estaba loca. Pero había en su cabeza algo parecido a la locura, algo tal vez inherente a sus sueños y a su talento, quien sabe…

Lo que sí sabemos, con cierta certeza, es que tenía un trastorno bipolar y que acabó haciendo lo mismo que alguno de sus personajes. Se suicidó. Claro que ese es el final de la historia de su vida, antes había hecho lo suficiente para subir al Olimpo de los Escritores Inolvidables.

Pero eso, ocupar un asiento en ese cielo, no es lo que trae a Virginia Woolf a las páginas de Beisbook, la he elegido a ella porque su obra está de rabiosa actualidad, porque su mente abierta e iluminada y la honestidad de sus pensamientos no sólo son interesantes para un lector del S.XXI sino imprescindibles.

Hubo feministas antes y después de Virginia Woolf pero no se puede hablar de FEMINISMO sin haber leído a Virginia Woolf.

Si alguien ha sabido explicar la discriminación de la mujer desde la óptica de la libertad, la justicia y la igualdad, esa ha sido, sin duda, Virginia Woolf por eso, cuando hablaba de feminismo, lo hacía también de homosexualidad, lo hacía porque de lo que hablaba era de LIBERTAD, de la libertad de la mujer para hacer de su capa un sayo y de su vida lo que se le pusiera en las ganas, incluso si lo que se le ponía era besar a otra mujer. Ella lo hizo.

La libertad de la mujer es esencial en Virginia Woolf y la define como nadie cuando dice que ‘una mujer debe tener dinero y una habitación propia‘, hablaba de mujeres que querían ser escritoras, sí, pero hablaba de mujeres y de su INDEPENDENCIA (económica, espacial, emocional…vital).

Una mujer debe tener dinero y una habitación propia”

Libertad e independencia, eso pedía Virginia Woolf para las mujeres hace casi un siglo. No pedía respeto ni discriminación positiva, no pedía alfombras rojas ni se conformaba con príncipes azules desteñidos, sólo pedía que nos dejaran en paz, que nos dejaran vivir según nuestros deseos como hacían, en cierto modo, los hombres. (Digo en cierto modo porque, más allá de la discriminación de la mujer, ha habido épocas en las que las convenciones sociales apenas dejaban respirar a nadie, pero esa es otra historia, no es la historia de Virginia Woolf).

Y es que Virginia Woolf fue una afortunada, vivió cómodamente desde la misma cuna y creció en una familia cultivada; sus padres se casaron tras haber enviudado ambos así que en su casa había niños de tres matrimonios: su madre aportaba tres, su padre uno y juntos tuvieron cuatro, ocho en total, ella era la penúltima del clan, un clan capitaneado por su padre -escritor y todo un Sir del Imperio Británico- y su madre -modelo, no de pasarela, sino de pintores-; ¿imagináis una casa en Kensington a la que acuden Tomas Hardy o Henry James a tomar el té? esa era la casa de Virginia Woolf.

Otra mujer se hubiera acomodado a esa vida en la que todo, salvo la libertad de elegir, parece venir dado pero ella no lo hizo; vio como sus hermanos varones recibían una educación formal mientras ella se quedaba en casa… claro que no se quedó de brazos cruzados, se zambulló en la rica biblioteca que tenía su padre y recibió, además, clases impartidas por él porque la fortuna de Virginia Woolf fue que, a pesar de su tiempo, contaba con unos padres que consideraban positivo que las niñas tuvieran también aceso a la educación y la cultura.

No gritó más que nadie, no montó en cólera ni se tatuó nada, no fundó un colectivo feminista revolucionario… pero tampoco se conformó, leyó y estudió, se cultivó, aprendió, escuchó a las eminentes visitas que recibían en su casa, desarrolló su propio pensamiento, lo escribió y nos lo dejó como legado. Ahí es nada. Porque lo hizo, además, cuando la estrella afortunada que iluminaba su vida se había apagado.

Virgina contaba 13 años cuando lo más oscuro de su personalidad comenzó a emerger; a esa edad sufrió su primera depresión causada por la muerte de su madre y, dos años más tarde, la de una de sus hermanas; 10 años después de la muerte de su madre, su padre moría de cáncer y Virginia era ingresada por una crisis nerviosa. El cuadro depresivo ya nunca la abandonaría.

Y es que su vida, que comenzaba de modo prometedor por lo acomodado de su familia, guardaba amarguras, algunas terribles… Se sabe, aunque como acerca de su trastorno bipolar, es algo sobre lo que hay poca información, que tanto ella como una de sus hermanas sufrieron abusos sexuales por parte de dos de sus hermanos.

Ser mujer en una sociedad que conservaba en sus convenciones sociales mucha de la rigidez de la época victoriana, no era cosa fácil ni aunque se disfrutase de buena posición social, menos si se era una mujer con ideas propias como Virginia Woolf y menos aún si se vivían dramas que resultaba imposible exponer a tal rigidez moral como era también el caso de esta escritora, pero ya fuese por su fuerza moral o por sus inquebrantables convicciones, la escritora se sobrepuso como pudo a todo aquello y, junto a su hermana Vanessa y sus dos hermanos (que no los medio hermanos), vendieron la casa de Kensington y compraron otra vivienda en el barrio de Bloomsbury, allí escribiría Virgina Woolf algunas de las páginas más importantes de la literatura inglesa, tanto porque lo hiciera literalmente como por su trabajo como editora.

Tendemos a repetir en nuestra madurez aquello que vivimos en la infancia y nos causaba deleite, cabe que esa fuera la razón por la que la casa de los Woolf en Bloomsbury se convirtiera en un lugar de reunión para antiguos compañeros de estudios del hermano mayor de Virginia. Allí nació el conocido como CÍRCULO DE BLOOMSBURY.

Mujer, culta, abusada, independiente, libre, escritora, enamorada, casada, feminista, adúltera, lesbiana, editora, bipolar, apasionada, bisexual, depresiva, feliz a ratos, suicida…

Al Círculo de Bloomsbury pertenecían artistas de diferentes disciplinas que estaban unidos por su desprecio a la clase alta a la que pertenecían, ellos estaban vivos, sentían pasión, amaban descubrir y crear nuevos universos, la rigidez de la sociedad victoriana de la que provenían y el conservadurismo de sus gentes lo sentían como una agresión a su propia libertad. Fue en este ámbito de cultura y libertad en el que Virginia Woolf conoció a un judío sin posición social ni económica del que se enamoró, se enamoró tanto que, cumplidos ya los 30 años, se casó con él y reconoció disfrutar como nunca hubiera soñado del sexo con un hombre y del placer de sentirse amada; e incido en el hecho de que el sexo era con un hombre no tanto por la historia de abusos que arrastraba Virginia por parte del sexo masculino, que también, sino porque, ejerciendo la libertad sexual y emocional que defendía el Círculo de Bloomsbury, tuvo una amante, una mujer con la que mantendría una relación sentimental en los años 20.

Por aquel entonces ya trabajaba con su marido en la editorial que fundaron juntos en 1917, Hogarth Press, en ella publicó toda su obra y también la de escritores tan importantes como T.S. Eliot o Freud entre otros muchos.

Si algo no se le puede negar a la vida de Virginia Woolf fue intensidad, desde sus inviernos en Londres a sus veranos en Cornualles, de Kensington a Bloomsbury, del amor de un hombre al de una mujer… hasta que no pudo más. No pudo más porque sufría un trastorno bipolar que, en una de sus crisis, le hizo llenar sus bolsillos de piedras y tirarse al río Ouse.

Dejó una carta de despedida en la que daba claras pistas de su enfermedad (decía que comenzaba a oír voces de nuevo…) y rendía cumplido homenaje a su marido, agradeciéndole su apoyo y su cariño, reconociendo que si alguien la podía haber salvado, era él. Pero ni tan siquiera él pudo.

Mujer, culta, abusada, independiente, libre, escritora, enamorada, casada, feminista, adúltera, lesbiana, editora, bipolar, apasionada, bisexual, depresiva, feliz a ratos, suicida… VIRGINIA WOOLF.

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Y, ahora que sabemos algo más acerca de quién era Virginia Woolf… ¿la leemos? podría recomendaros ‘Una habitación propia‘ pero sería tanto como recomendaros un manifiesto feminista, a vuestro criterio queda (por ahora) su lectura y por mi parte os sugiero no perderos ni una línea de ‘Mrs. Dalloway‘ porque, aunque expresado de un modo más sutil y novelado, recoge también la esencia del pensamiento de esta magnífica escritora e incluso anticipa el episodio final de su vida. ¿Quieres saber más? ¡aquí te lo cuento!.

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