Middlemarch. La novela.

Middlemarch es una ciudad de provincias ficticia a través de la que George Eliot escribe una de las novelas más notables del mundo, una novela perfecta para conocer, todavía hoy, al inglés medio (el que no vive en Londres…).

Middlemarch no es una novela, es ‘la novela’; es una de las obras esenciales de la literatura universal y un trabajo un tanto peculiar de George Eliot porque si bien cuando se analiza desde una perspectiva literaria acaba uno por pensar que se trata de una novela muy compleja (complejidad definida en el mejor de sus sentidos) es también una obra de fácil lectura, disfrutable y degustable tanto hoy como lo fue en su día; quienes se pierden por el costumbrismo romántico de Jane Austen también disfrutarán Middlemarch, los enamorados de la novela histórica no se verán defraudados, más bien al contrario, quienes son más de novelas de corte social estarán en sus salsa leyendo Middlemarch y quienes busquen mayor intimismo, el propio de las novelas de personaje, también; incluso los enamorados del ensayo caerán presas del encanto de Middlemarch porque Eliot se reserva el derecho, un derecho que ejerce en varios momentos de la novela, de colarse en esa con su tono didáctico de ensayista en off, para ahondar en alguno de los temas que directa o indirectamente se tocan en la novela.

Souls have complexions too: what will suit one will not suit another.

La complejidad de Middlemarch se descubre tanto por sus tramas, que son varias y a priori inconexas, como por su ambientación y por las referencias socio-políticas pero, que no cunda el pánico, no es una novela histórica ni mucho menos un ensayo de la vida política, ahora bien, si leyéndola acabas en Google un día sí y otro también para descubrir más detalles acerca de las referencias que en este sentido o en el de la evolución de la medicina (créenos, te acordarás de lo que aprendimos leyendo Frankenstein gracias a Mary Shelley) o la educación nos cuela George Eliot en la novela será ya cosa tuya… (y a poco que seas un tipo curioso, no podrás evitarlo).

Una de las cosas que descubrirás leyendo Middlemarch es que más allá de la discriminación histórica de la mujer y de las perspectivas del feminismo moderno, la mano que siempre ha mecido la cuna (y con ella el mundo) ha sido la de una mujer, eso es algo acerca de lo que el Señor Brooke no ha tenido nunca duda alguna (tal vez por eso nunca se casó) y es también algo que tanto el joven Vincy como Lindgate, e incluso el joven baronet Sir James, aprendieron en su juventud.

Genius consisting neither in self-conceit nor in humilty, but in a power to making or do, not anything in general, but something in particular.

Otro de los aspectos que hacen Middlemarch la mar de interesante para ser leída hoy es su propia esencia como novela realista que se desarrolla en una ciudad de provincias y que deja ver en muchos momentos y en diversos sentidos el mundo que ha separado siempre a Londres del resto de Inglaterra, al campo de la ciudad, algo que sucede incluso hoy, ahí están los resultados del Brexit, un Brexit al que se llegó por el voto de provincias porque, si por el londinense medio hubiera sido, Reino Unido seguiría siendo parte de la Unión Europea.

En Middlemarch no falta de nada, no falta amor ni desamor, tampoco intrigas (que le pregunten la señora Bulostrade…), cultos de erudición impostada, emprendedores de gestión irregular, errores, golpes de suerte, herencias ni dramas de todos los colores, tampoco falta bondad ni ingenuidad, visitas sorprendentes ni húespedes no deseados; la novela empieza con la calma que rezuman siempre las novelas costumbristas y se va tejiendo ante nuestros ojos, lectores incautos que disfrutamos de la buena pluma del Cervantes inglés (que no es otro que Mary Anne Evans, alias George Eliot) con placer y a cierta distancia hasta que las diferencias tramas empiezan a confluir en el presente, hacia el futuro e incluso desde el pasado.

but prejudices, like odorous bodies, have a double existence both solid and subtle — solid as the pyramids, subtle as the twentieth echo of an echo, or as the memory of hyacinths which once scented the darkness.

Decía Virginia Woolf que Middlemarch era una de las pocas novelas inglesas escritas para adultos y, si bien no nos atrevemos a sumarnos a una aseveración tan contundente ni mucho menos a llevar la contraria a la Woolf, sí cabe pensar sin miedo a errar que Middlemarch es la novela inglesa por antonomasia y por excelencia, es el Quijote inglés, una obra compleja y rica en matices, en historias, en tramas, en personajes, en detalles, en referencias históricas… Y toda esa coplejidad está hilvanada con el hilo de oro que teje la pluma de George Eliot sobre el papel haciéndonos vivir en una ciudad de pronvincias inglesa, entre sus vecinos y ante sus constantes cotilleos y despliegue de prejuicios como si fuésemos un invitado más de los Vincy o de los Chettam, incluso de los Bulostrade.

Nos gustan las mujeres en Middlemarch, no todas obviamente, pero sí el conjunto de todas ellas porque componen un cuadro femenino que cambiando las tocas por tocados o melenas al viento y los complicados vestidos por vaqueros y botas de caña alta bien podría ser un cuadro moderno: Celia es la clase de mujer que el mundo espera que sea una mujer en Middlemarch, Dorothea es un constante querer y no poder y un continuo negarse a no poder… Rosamund es como Celia quien el mundo espera que sea… hasta que se la conoce en la distancia corta y se descubre que es… Rosamund; Mary Garth es un poco Celia y un poco Dorothea, la señora Vincy es la mujer de los lazos rosas en la toca y su hermana Harriet es la esposa del banquero, un banquero que por lo demás es como espera uno que sea un rico banquero, al menos, en una novela.

Only those who know the supremacy of the intellectual life—the life which has a seed of ennobling thought and purpose within it—can understand the grief of one who falls from that serene activity into the absorbing soul-wasting struggle with worldly annoyances.

¿Y los hombres? su cuadro se nos antoja un poco más gris que el que componen los personajes femeninos aunque no menos interesante; el emprendedor, que es el señor Garth, apenas logra equilibrar la balanza entre sus buen trabajo y sus constantes errores, el señor Brooke vive en su particular burbuja y Sir Cheatam, más mundano y cabe que más certero a pesar de sus prejuicios, no logra apenas nunca mover las piezas a su antojo; de Bulostrade ya hemos dicho todo lo que podemos decir, es el banquero que esperábamos de él y Raffles el hombre de mal vivir que, por supuesto, es un forastero que no tiene cabida en Middlemarch; en cuando al clero, Eliot es benévola y su Farebrother alcanza un nivel personal muy superior al de, por ejemplo, el desagradable primo de las Bennet que nos pinta Jane Austen en Orgullo y Prejuicio.

George Eliot, que como decíamos unas líneas más arriba, comienza su novela con el ritmo de las novelas constumbristas que se leen sin ansiedad, consigue engancharnos y zambullirnos en cada una de las tramas a las que va dando forma y cuando alcanza el clímax en cualquiera de ellas (que no es ‘el clímax’ sino un clímax porque al avanzar en la lectura desbriremos otros…) nos lanza a otra y llegamos a sentir la sensación de haber dejado una novela inacabada antes de iniciar otra pero después las historias confluyen a veces desde el pasado, a veces en el presente, a veces de la forma más inesperada… y aunque nos sorprende, no podemos dejar de pensar ¿qué esperábamos? es una novela de una ciudad de provincias, una localidad pequeña en la que todo el mundo se conoce…

by desiring what is perfectly good, even when we don’t quite know what it is and can not do what we would, we are part of the divine struggle against evil–widening the skirts of light and making the struggle with darkness narrower.

Y aunque ciertamente es la evolución de las tramas y su modo y manera de confluir lo que más nos engancha de Middlemarch y a Middlemarch (más siendo conscientes de que estamos leyendo a Eliot y no hay con ella trato previo alguno que nos asegure un final feliz como sucedía con Jane Austen), no es eso exclusivamente lo que hace de esta novela no una novela más sino ‘la novela’ (una novela que enamora incluso a quienes no disfrutan regularmente de este género literario) sino también su magnífica ambientación histórica tanto a nivel social como político.

¿La mayor dificultad de Middlemarch? la única que se nos ocurre es la que cuando se publicó por primera vez se salvó al editarse por fascículos, su densidad; ocho entregas componían el total de una novela que se acerca a las 1000 páginas, 1000 páginas que, superadas las 70-100 primeras, te sabrán a poco a pesar del epílogo en el que se completa la información acerca del destino de los personajes principales.

Las palabras no se las lleva el viento

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