Charlotte Brontë, alias Currer Bell, la escritora que se sabía capaz de crear una heroína fea.

Charlotte Brontë, la mujer que se enamoró de su profesor y que rechazó hasta 4 propuestas de matrimonio para acabar casándose contra la voluntad de su padre además de escribir una de esas novelas que no puedes dejar de leer: Jane Eyre.

Charlotte Brontë nació un 21 de abril, tenía dos hermanas mayores y tras ella todavía nacerían otras dos y un hermano pero ninguno de esa prole de seis hijos llegaría a cumplir los 40 años y su padre los vería morir a todos solo porque su mujer fue la primera de la familia en morir antes de los 40 años. Lo cierto es que la historia de la familia Brontë es para contarla porque está llena de grandes éxitos y noticias terribles, la estirpe familiar terminaría en el padre, Patrick, porque por imposible que parezca habiendo tenido seis hijos, no llegó a tener ni un nieto, llegó a haber uno en camino, es cierto, la madre era Charlotte Brontë y todavía hoy se desconoce si la casualidad quiso que la tuberculosis la matara durante su embarazo o si fue el propio embarazo, tardío y difícil, el que acabó con su vida y la de su bebé.

Hablaremos de Emily Brontë y también de Anne llegado el momento y el caso pero hoy le toca el turno a Charlotte Brontë, la tercera en discordia del mágico trío de escritoras que optaron por hacerse pasar por los hermanos Bell para que sus obras fueran tomadas en serio, algo que firmando con nombre de mujer veían harto complicado en su tiempo; Charlotte fue, tal vez, la más atrevida de las tres, fue al menos la que se apostó algo (no sabemos qué) con las otras dos, Emily y Anne, a que podía escribir una novela protagonizada por una mujer fea o al menos vulgar y corriente y hacer que el mundo se enamorara de ella y ¡vaya si lo hizo! claro que Charlotte sabía que lo que enamora al mundo más allá de un rato no es la belleza estática y vacía sino la pasión y la convicción, la voluntad, la decisión… la heroína que ella describió en su novela Jane Eyre y la que, en cierto modo, era ella misma.

The human heart has hidden treasures, In secret kept, in silence sealed; The thoughts, the hopes, the dreams, the pleasures, Whose charms were broken if revealed.

Tan imponente era el halo de Charlotte Brontë que hay quien se ha atrevido a tratar de explicar la trágica historia de su familia haciéndola girar alrededor de ella y convirtiéndola en la envenenadora de sus hermanos menores y en la mano que quemó el manuscrito de la última novela de Emily ¿hay algo de cierto en ello? tendríamos que hablar largo y tendido con James Tully, el profesor canadiense que defiende tal tesis, pero ya os anticipamos que hasta donde nosotros sabemos, es tan cierto que Charlotte Brontë envenenó a sus hermanas como que Lewis Carroll fue Jack el Destripador, entiéndase, no consideramos tal cosa como cierta aunque no podemos obviar un detalle cierta mente interesante: según la teoría de la conspiración que defiende Tully, Charlotte Brontë organizó la muerte de Anne, Emily y Branwell con el ayudante de su padre que, poco después de que acontecieran los tres decesos, se casó con Charlotte, de quien estaba enamorado desde de hacía años hasta el punto de haberle propuesto matrimonio en alguna ocasión (siendo amablemente rechazado por Charlotte para alegría de su padre a quien le gustaba tan poco ese matrimonio que ni tan siquiera acudió a la boda cuando finalmente Charlotte aceptó la propuesta).

You know full well as I do the value of sisters’ affections: There is nothing like it in this world.

La pregunta que nos asalta en este punto de la teoría es la siguiente: si hemos de admitir como cierto que tanto la muerte de la madre como la de las dos hermanas mayores se debieron a causas naturales ¿por qué no la de Emily, Anne y Branwell?; Tully riza el rizo y dice además que fue el ya marido de Charlotte quien la mató y no la tuberculosis ni un embarazo tardío y complicado… Pero el detalle que nos obliga a hacernos eco de la teoría de la conspiración de Tully es la biografía de Charlotte Brontë escrita por su supuesta amiga Elisabeth Gaskell y aprobada por su padre Patrick, en esa biografía Elisabeth señala a Nicholls, el marido de Charlotte, como responsable de las muertes de Emily, Anne, Branwell y Charlotte; no lo acusa expresamente de asesino pero sí deja caer sutilmente tal posibilidad… ¿Da ésto credibilidad a la teoría de la conspiración de Tully? tendemos a pensar que no por dos razones, la primera es que la amistad entre Elisabeth Gaskell y Charlotte, hasta donde sabemos, no fue tal y que el bueno de Patrick, el padre de la familia muerta, aprobara tal insinuación, teniendo en cuenta lo poco que le gustaba tener a Nicholls en la familia, no dice tampoco mucho.

Lo que sí es cierto es que Charlotte se enamoró de su profesor en el tiempo que estuvo en Bruselas -estuvo en un colegio de la ciudad como alumna y profesora en dos ocasiones-, él era un hombre casado y ella, a saber si porque él pajareó más de la cuenta o porque ella llevaba el romanticismo hasta la propia ceguera, se sintió correspondondida, algo que resultó no ser cierto; Charlotte, ya de regreso en Inglaterra, escribió apasionadas cartas al bueno del profesor que a poco muere no sabemos si del susto por las cartas en sí o porque fue su mujer quien las leyó primero. Y no era desesperación lo que movía a la Charlotte… si algo no le faltaron en su vida fueron propuestas de matrimonio, recibió hasta cuatro propuestas: Henry Nussey, hermano de su amiga Ellen Nussey, que fue gentilmente rechazado, David Pryce, un reverendo que recibió la misma respuesta que Nussey, no; el tercero fue el editor James Taylor, también rechazado; por rechazar rechazó incluso a Arthur Bell Nicholls, el ayudante de su padre con el que finalmente se casaría.

Better to be without logic than without feeling.

Charlotte Brontë nació en 1816 y tras ella lo hicieron su hermano Branwell y sus hermanas Emily y Anne, en 1821 su madre moría de cáncer, un año después de haberse mudado de Thornton a Haworth y dejando a sus seis hijos -incluidas las dos hermanas nacidas antes que Charlotte: Maria y Elisabeth- al cuidado de su padre, Patrick. Patrick Brontë era un clérigo de origen irlandés, un tipo severo y serio que amaba a su mujer y que no fue capaz ni de casarse de nuevo ni de llevar una casa con una prole de seis criaturas; en 1824, a saber si con el ánimo de aligerar la carga o el de dar a sus hijas una buena educación, Patrick manda a las cuatro mayores, Maria, Elisabeth, Charlotte y Emily a estudiar a Cowan Bridge, un año después las dos hermanas mayores mueren de tuberculosis y ante el temor por la vida de las otras dos dadas las ya contrastadas exigüas condiciones salubres del colegio, Charlotte y Emily, son llamadas de vuelta a casa.

En la década de los años 30, Charlotte demuestra talento para el arte pictórico, tanto fue así que incluso años después su editor le ofreció ilustrar Jane Eyre pero, por razones que desconocemos la buena de Charlotte abandonó el dibujo y se consagró a las letras, algo que por otra parte no lamentamos; en 1846 se convirtió en Currer Bell en connivencia con sus hermanas que se convirtieron a su vez en Acton y Ellis Bell, publicaron un libro de poemas editado por ellas mismas que resultó un fracaso en toda regla -vendieron dos ejemplares en el plazo de un años y 39 en total de los 1000 editados-, razón de más para volver a la prosa, pensaron… pero lo hicieron manteniendo sus pseudónimos masculinos porque sabían que como mujeres difícilmente se las consideraría como literatas.

Prejudices, it is well known, are most difficult to eradicate from the heart whose soil has never been loosened or fertilized by education; they grow firm there, firm as weeds among stones.

1848 fue el annus horribilis de la familia Brontë, en el plazo de ocho meses mueren Emily, Anne y Branwell y nuestra Charlotte se queda casi sola en el mundo, especialmente cuando su padre se niega de nuevo a darle su bendición para casarse con Nicholls, algo que hace de todos modos porque Charlotte Brontë era como Jane Eyre (y a la inversa) tenía su particular código de conducta, si coincidía con lo que marcaba la fuerza de la costumbre de la época, hacía una reverencia y decía amén, si por el contrario no se daba tal coincidencia, hacia igualmente la reverencia y a continuación hacía lo que consideraba oportuno y conveniente, entiéndase, lo que se le ponía en las ganas; por eso hablar Jane Eyre, la heorían fea de Charlotte Brontë, es hablar de feminismo, algo que haremos pronto.

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