Washington Irving, el primer escritor americano de relevancia internacional fue un hispanista.

Washington Irving fue el primer escritor genuinamente americano, el primero norteamericano en vivir de la literatura, el primer hispanista, un pionero de la literatura norteamericana que vivió en La Alhambra.

Washington Irving era un romántico, cabe que esa sea la razón por la que, a pesar de ser neoyorquino de nacimiento, Europa lo atraía sobremanera, primero fue la literatura inglesa de la que era un ávido lector desde niño y después la historia de España en los años del descubrimiento de América, hay quien habla incluso de la España inventada de Irving pero lo cierto es que Irving no inventó nada, sólo veía nuestro país con los ojos de un romántico, uno para el que la historia y las leyendas, lo cristiano y lo árabe, formaban un cóctel al que no podía resistirse. Pero comencemos por el principio, por entender la relevancia de Irving.

Love is never lost. If not reciprocated, it will flow back and soften and purify the heart.

Para hablar de Washington Irving conviene empezar diciendo que es el primer escritor americano con relevancia internacional y eso, que dicho así puede parecer un dato como tantos otros que se pueden dar de este escritor, significa que antes de él no había nada, al menos nada en lo literario o al menos nada que mereciera la pena, sabiendo que en vida de Irving se celebró el segundo centenario de la muerte de Shakespeare comenzamos a intuir la ausencia no sólo de literatura sino de historia americana previa a la conquista del continente por parte de los europeos. Y para constatar que, al menos en lo literario, así es, no tenemos más que revisar la antología de la literatura norteamericana y descubrir como los primeros escritores de relevancia que se destacan fueron ¡sorpréndete! Cristobal Colón, Bartolomé de las Casas, Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo y Alvar Nuñez Cabeza de Vaca (y no lo decimos nosotros, lo dice el equipo de editores, profesores todos del área de humanidades en universidades americanas, responsables de la edición de la antología de la literatura americana The Norton Anthology); tras ellos hubo algunos nombres de importancia que a nivel internacional suenan poco y a los que aquí iremos prestando la debida atención, hablamos de gentes como Anne Bradstreet o Mary Rowlandson, y hubo también algún que otro nombre con más relevancia política que literaria como el de Benjamin Franklin o el de Thomas Jefferson; y entonces llegó Washington Irving, el primer escritor genuinamente americano y perdidamente enamorado de Europa, continente al que viajó tres veces y en el que vivió en total unos 20 años.

One of the greatest and simplest tools for learning more and growing is doing more.

Fue el menor de 11 hermanos y recibió el nombre de Washington porque sus padres eran admiradores de George Washington, primer presidente de Estados Unidos; su padre era un rico comerciante de origen escocés y su madre era inglesa, vivían en Nueva York; era un ávido lector y amante de la literatura inglesa pero estudió leyes, llegó a estar prometido con la hija de un abogado pero la chica murió a la edad de 17 años sumiendo a Irving en una tristeza serena que nunca llegó a superar del todo, de hecho aunque después de aquello vivió algún romance (el más célebre el que mantuvo con Mary Shelley) nunca se casó; colaboró en revistas e incluso editó alguna, emprendió negocios con su hermano Peter y también experimentó la quiebra pero, como le había sucedido antes con las leyes, tampoco el periodismo ni los negocios pudieron más que la literatura, escribir era su pasión.

The land of literature is a fairy land to those who view it at a distance, but, like all other landscapes, the charm fades on a nearer approach, and the thorns and briars become visible.

En 1804 le diagnosticaron tuberculosis y sus hermanos le sugirieron un viaje a Europa para cambiar de aires, pasó dos años recorriendo el viejo continente antes de regresar a Nueva York pero la semilla estaba ya plantada y germinaría años más tarde, en 1815, momento en el que cruzó de nuevo el Atlántico, no regresaría a casa hasta 17 años más tarde. Fue en ese segundo viaje, concretamente ya en 1826, cuando el entonces embajador americano en Madrid le sugirió que estudiara los documentos conservados en El Escorial sobre el descubrimiento del nuevo mundo; lo hizo y se sintió fascinado por la historia y comenzó así su carrera diplomática: entre 1829 y 1832 fue secretario de la delegación norteamericana en Madrid y entre 1842 y 1845 embajador de Estados Unidos en Madrid. Se convirtió en el primer y mejor hispanista de la historia de Estados Unidos.

One of the greatest pleasures of the Spaniards is, to sit in the beautiful summer evenings, and listen to traditional ballads, and tales about the wars of the Moors and Christians, and the «buenas andanzas» and «grandes hechos,» the «good fortunes» and «great exploits» of the hardy warriors of yore.

La primera biografía de Cristobal Colón se la debemos a Washington Irving pero no sólo eso: después de estudiar los documentos conservados en El Escorial sobre la conquista de América, Irving se trasladó a Sevilla, donde se conservaban los archivos de Indias y recorrió personalmente los lugares colombinos llegando incluso a hablar con los descendientes de los hermanos Pinzón; Irving se enamoró de España, del clima, la gastronomía, la historia y las leyendas; observándolo todo con sus ojos de escritor romántico escribió una obra que, más allá de las biografías que firmó (además de la de Colón escribió la de George Washington y Oliver Goldsmith), forma parte de las tres más notables de este autor: Cuentos de la Alhambra; junto a estos cuentos, de los que hablaremos largo y tendido, cabe destacar Rip Van Winkle, una historia basada en una leyenda alemana y la mítica historia del jinete sin cabeza, la leyenda de Sleepy Hollow (una obra que puedes leer… y también ver gracias a Tim Burton).

Nothing is enough for the man to whom enough is too little.

Resulta interesante ver España a ojos de Washington Irving, tamizada por su visión romántica de la historia y las leyendas y dominada de principio a fin por su estudio acerca del descubrimiento de América, esa América que era su patria aunque él procediera de la parte del continente conquistado por los ingleses; curiosamente a Irving lo enamoró el país del que salió la primera expedición europea que pisó suelo americano, la comandada por Cristobal Colón al frente de La Pinta, La Niña y Santa María, no mostró interés por conocer las Bahamas, Cuba o la República Dominicana -primeras tierras americanas pisadas por Colón- sino que concentró toda su curiosidad en los lugares colombinos, los rincones de España en los que se fraguó el descubrimiento; tal fue su pasión por eso lugares que viajó de Madrid a Sevilla, de allí a Huelva y llegó hasta la Alhambra, donde vivió (como lo lees, vivió dentro de la Alhambra, comiendo y desayunando un día sí y otro también en el Patio de los Leones).

There is never jealousy where there is not strong regard.

Cumplida su etapa como embajador de Estados Unidos en España, Irving regresó a casa, a Nueva York donde pasó los últimos años de su vida con algunos achaques de salud y trabajando en las que fueron sus últimas obras, las biografías de Oliver Goldsmith y Washington Irving; murió en 1959 y, como muestra de su notoriedad, se organizó una comitiva fúnebre de unos 150 carruajes que llevaron al bueno de Irving a su lugar de descanso eterno, el cementerio de Sleepy Hollow; la que fuera hasta entonces su casa es hoy un museo que, como el cementerio de Sleepy Hollow, no puedes dejar de visitar si viajas a Nueva York.

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