Graham Greene, el verdadero agente 007 de la literatura británica.

Escritor y espía (o viceversa), Graham Greene fue un niño acosado en el colegio y un adolescente con tendencias suicidas, marido infiel, viajero incansable y, al fin y a la postre, un defensor de la libertad.

Sí, Graham Greene, a pesar de ser un escritor de más que notable éxito en el siglo pasado, se nos está convirtiendo en un clásico maldito, es más, nos atreveríamos a decir que podría ser, de hecho, el perfecto clásico maldito: todo el mundo habla de él (¿quién no conoce a Graham Greene?) pero ya nadie lo lee, con suerte lo ven en televisión gracias a sus guiones de cine o a las adaptaciones de sus novelas más celebradas pero ¿leerlo? pocos, de hecho ¿sabes realmente quién fue Graham Greene además de uno de los mejores novelistas que en el mundo han sido y el eterno aspirante al Premio Nobel de Literatura? (un premio que, por cierto, nunca recibió) ¿sabías, por ejemplo, que trabajaba para el MI6, el servicio de inteligencia británico?.

La vida de Graham Greene prometía, en sus inicios, tener poco que ver con la de otro notable escritor inglés, Charles Dickens, casi podríamos decir que era su antítesis por una cuestión de familia: la de Dickens era tan pobre que el bueno de Charles tuvo que trabajar desde los 9 años y la de Greene eran tan acomodada que, además de estar emparentado con Robert Louis Stevenson por parte de madre, no faltaban entre sus miembros banqueros ni empresarios de primer orden como eran en la Gran Bretaña de su época los empresarios de destilerías de whisky escocés.

Graham Green nació allá por el 2 de octubre de 1904 y vivió casi el siglo entero porque no se despidió del mundo hasta abril de 1991; tenía 86 años, además de leucemia, y dejaba tras de sí un legado novelístico como pocos; fue el cuarto de seis hermanos y aunque su vida prometía ser un dechado de facilidades, todo se torció cuando nombraron a su padre director del colegio en el que él estaba interno; ser hijo del director le supuso ser el objeto del odio de muchos hasta convertirse en un niño acosado, deprimido y con acusadas tendencias suicidas. Nada que ver la vida de Greene con la de Dickens, decíamos, pero apenas superada la adolescencia, ambos podrían haberse contado relatos realmente terribles, tan terribles como los que Graham Greene debió contar a su psicoanalista en Londres cuando no contaba más que 17 años.

Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y deja entrar al futuro.

La terapia le fue bien pero su depresión adolescente se convirtió en una parte de sí mismo y sufrió varias recaídas a lo largo de su vida, eso sí, después de la terapia no volvió al internado, sí al colegio y después a la universidad, estudió historia en Oxford y lo hizo dejando constancia de su caracter serio, sus compañeros de promoción no contaban con él para las juergas y las fiestas, nunca se sumaba a ellas. Hubo más cosas en su juventud que tuvieron consecuencias, Greene se afilió al Partido Comunista de Gran Bretaña durante varias semanas y eso le supuso sufrir restricciones para entrar en Estados Unidos (y es que en la gran democracia americana, en tiempos de la guerra fría, lo tenían claro, si eras comunista o lo habías sido o cabía la posibilidad de que lo siguieras siendo, no entrabas en su país ni aunque fueras el mismísimo Graham Greene, lo cual no deja de ser irónico porque finalmente Greene obtendría mucho más que un permiso para entrar en el país, la nacionalidad americana).

Publicó su primer trabajo en 1925 y su primera novela –El Otro Hombre o Historia de una Cobardía– cuatro años más tarde, en medio del caos y el crack del 29, comenzaba así una carrera de éxito porque Greene fue un escritor aclamado por el público y la crítica, tanto que hay quien dice que esa popularidad fue la que le costó el Nobel de Literatura; trabajó como periodista al terminar la universidad pero su vida iba a dar todavía muchas, muchísimas vueltas, una de las primeras fue el matrimonio, se casó en 1927 (dos años antes de publicar su primera novela) con Viviane Dayrell-Browning, un matrimonio que tuvo su historia…

El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños.

Cuando Graham Greene conoció a Viviane era todavía un escritor en ciernes, es más, ella incluso le llevaba algo de ventaja porque a la edad de 13 años ya había publicado un poemario con una intruducción del destacado escritor y crítico inglés G.K. Chesterton; se casaron en 1927, cuentan que fue su amor por Viviane lo que le hizo abrazar el catolicismo y tuvieron dos hijos pero el matrimonio se separó en 1948, para entonces Greene ya trabajaba como espía además de como escritor y se lanzó a una vida viajera hasta el fin de sus días, nunca se divorció pero sí mantuvo relaciones con otras mujeres, de hecho abandonó a su familia por una mujer, Catherine Walston (como él, casada), y acabaría sus días junto a otra mujer, Yvonne Cloetta.

Graham Greene era un viajero incansable y su hermana Elisabeth, que trabajaba en el MI6, vio en esa afición una oportunidad, lo reclutó y Greene se convirtió en un espía de su Majestad la Reina de Inglaterra, todo un agente 007 de nombre Greene, Graham Greene; Sierra Leona, Liberia, Mexico, Cuba, Haití o Camerún son sólo algunos de los países que visitó, atención especial nos merece Cuba porque, teniendo como tenía simpatías comunistas y siendo como era un admirador de los líderes imponentes al estilo de Fidel Castro (a quien conoció personalmente), Greene tuvo la lucidez suficiente para intuir lo que estaba entonces por venir: ‘Todas las revoluciones exitosas, aunque idealistas, probablemente se traicionen a sí mismas en el tiempo, dijo y fue incluso más allá cuestionando el autoritarismo del dictador; y es que Graham Greene fue un defensor de la libertad y así se vio reconocido en 1981 cuando recibió el Premio Jerusalén, un galardón otorgado a los escritores preocupados por la libertad de los individuos en la sociedad, para entonces sus simpatías comunistas yacían ya en el lejano olvido de su juventud.

Intento comprender la verdad, aunque esto comprometa mi ideología.

Vivió sus últimos años en Suiza y, según cuentan las crónicas de la época, envió informes a la inteligencia británica hasta el fin de sus días, lo que es tanto como decir que fue tan escritor como espía, tan espía como escritor: sus novelas se alimentaban de su experiencia como espía y viajero y su importancia como escritor le servían de pantalla para desarrollar su trabajo como espía y, por lo que sabemos, resolvió ambas facetas de su vida con notable éxito.

Graham Greene era católico y muchos de sus personajes lo son también hasta el punto de convertir la religión en un aspecto importante de su obra; la política era, inevitablemente, otro aspecto presente en su obra, lo era al menos desde el punto de vista argumental y como fondo de muchas de sus historias pero lo cierto es que a Greene le incomodaba que se pusiera el foco en estos dos aspectos de su obra, para él eran poco más que el background de sus novelas.

La política está en el aire mismo que respiramos, igual que la presencia o ausencia de Dios.

Nació como un niño bien y se convirtió en una víctima del bulling, demostró tendencias depresivas e incluso suicidas, jugó a la ruleta rusa y se convirtió en escritor y en espía, fue un viajero incansable y también un simpatizante comunista reconvertido en defensor de la libertad, marido infiel, padre dos, amante de varias y viudo solo de una, católico… En el caso de Graham Greene no sólo se puede decir que sus novelas son como su vida misma sino que su vida misma es una novela, de hecho entre su producción literaria hay hasta cuatro novelas tachadas de autobiográficas (Una especie de vida, Vías de escape, A world of my own y Getting to know the general).

Deshaz, tú que puedes, la maldición del clásico y lee a Graham Greene.

Las palabras no se las lleva el viento

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