Henry David Thoreau, el escritor desobediente que si levantara hoy la cabeza nos llamaría tontos a la cara (como poco).

Henry David Thoreau fue un libertario, un filósofo y ensayista, abolicionista, naturalista… un tipo que tirará por tierra ideas que hoy consideramos valores y nos hará replantearnos muchas cosas acerca de nuestro estilo de vida.

A Thoreau se le presenta de muchas maneras que se pueden glosar tal que así: es uno de los padres de la literatura norteamericana, un escritor naturalista y un filósofo, el padre de la desobediencia civil, ensayista excepcional y defensor a muerte del INDIVIDUO SOBRE CUALQUIER ENTE O COLECTIVO.

Tanto por lo que respecta a su postura frente al naturalismo como a la desobediencia civil y sobre todo por su defensa del valor del individuo sobre cualquier ente o colectivo Henry David Thoreau es un escritor que merece hoy una lectura pausada y detenida que no te robará mucho tiempo porque ni el Walden, probablemente su mejor obra o, al menos, la mejor valorada, ni su ensayo acerca de la desobediencia civil te llevará tanto tiempo leerlos como asimilarlos, son lecturas breves e intensas… pero, para empezar a comprenderlo, hay que empezar por saber quien fue Henry David Thoreau.

Para empezar Henry David Thoreau no fue Henry David Thoreau sino David Henry Thoreau, decidió cambiar el orden de sus nombres y no se molestó en solicitar el cambio en el registro porque le importaba bien poco lo que allí pusiera, con que él se llamara como consideraba oportuno tenía suficiente, claro que ésto sucedió cuando llevaba ya unos cuantos años pululando por el mundo.

Nació en Concord el 12 de julio de 1817 y allí pasó gran parte de su vida, sus viajes fueron contados y ninguno de ellos mucho más allá de las fronteras americanas, creció con sus dos hermanos mayores y su hermana menor, con su padre fabricante de lápices y con su madre, una mujer cuyo padre resultó haber sido en su juventud un poco peleón: el abuelo materno de Thoreau fue uno de los cabecillas de la ‘rebelión de la mantequilla‘, primera revuelta estudiantil en las colonias.

Thoreau también estudió en Harvard, aunque por aquel entonces no tenía esta universidad el prestigio que ha atesorado con los años; como curiosidad se cuenta que Thoreau nunca obtuvo su título no porque no cursara y aprobara sus cursos sino porque se negó a pagar 5 dólares por el diploma; también sabemos que nunca se casó, se cuenta incluso que recibió una propuesta de matrimonio que lo horrorizó.

Después de Harvard regresó a Concord, donde trabajó como profesor en la escuela pública aunque no demasiado tiempo, se negaba a aplicar castigos corporales a los alumnos (entiéndase, a pegar a los niños) y dejó el trabajo; abrió junto a su hermano John una escuela en  1838 y ambos dan clases durante casi cuatro años, cuando su hermano muere de tétanos (tras cortarse accidentalmente al afeitarse…), la escuela se cierra. Por aquel entonces hacía ya unos años que Thoreau conocía a Emerson, quien se había trasladado a vivir a Concord, y fue precisamente Emerson quien dio una salida a un Thoreau que estaba en aquel momento de su vida un poco perdido.

Thoreau se traslada a vivir con los Emerson donde ejerce como profesor de los niños de la familia y se ocupa además de los arreglos necesarios en la casa (algo así como un chapuzas), claro que eso le daba acceso a la más que interesante biblioteca de Emerson; tiempo después se hace cargo de la fábrica de lápices de su padre pero tampoco en este trabajo se sentirá bien… y es que Thoreau era de los que pensaba que había que trabajar lo justo para vivir (y por ‘lo justo’ quería decir lo justo para cubrir las necesidades básicas y esenciales, nada más).

El costo de una cosa es la cantidad de aquello que yo llamo vida, necesaria para adquirirla, ya sea a corto o a largo plazo

Para Thoreau convertir la vida en largos días de trabajo insatisfactorio y escuetas vacaciones regado todo ello con un afán consumista importante sería un despropósito, asumía que tenía que ganarse la vida como asumía la necesidad de un gobierno, como un mal menor, pero estaba convencido de que la vida era otra cosa y por eso reservaba su tiempo y su esfuerzo para hacer lo que se le ponía en las ganas, en los sueños y hasta en las ocurrencias; fue entonces cuando construyó él mismo una cabaña junto al lago Walden en una parecela propiedad de Emerson y se trasladó a vivir allí, en medio de la naturaleza.

Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida.

Thoreau vivió en su cabaña de Walden dos años ¿qué buscaba al acometer aquella experiencia? siendo como era un naturalista convencido y un defensor de la vida en la naturaleza en contraposición con la vida en la ciudad, no parece una decisión extraña pero Thoreau buscaba algo más que naturaleza, se buscaba a sí mismo, quería probarse, asegurarse de que vivía su vida y no sólo transitaba el mundo durante unos años; durante su estancia en Walden paseó por la naturaleza que lo reodeaba y cultivó su propia comida pero no vivió aislado, tanto es así que en una visita a la ciudad le fueron reclamadas sus deudas por sus impuestos impagados y dio con sus huesos en la cárcel, aunque sólo por una noche, alguien pagó sus deudas… (no él).

La mayor parte de los hombres, incluso en este país relativamente libre, se afanan tanto en innecesarios artificios y labores absurdamente mediocres, que no les queda tiempo para recoger los mejores frutos de la vida

Cuando Thoreau decide abandonar Walden, Emerson le pide un favor al tiempo que se lo hace: le sugiere que se quede una temporada en su casa ayudando a su mujer con los niños porque él, Emerson, iba a estar en Europa, muy lejos de Concord; Thoreau acepta. Después de la estancia con los Emerson Thoreau se trasladará a una casa en Concord que será la penúltima en la que vivirá, una mudanza más y ya en 1850 se trasladará a la casa en la que pasará el resto de su vida. En aquella época su salud ya daba síntomas de debilidad, Thoreau padecía tuberculosis, una enfermedad que lo irá debilitando y acabará con su vida a la escasa edad de 44 años.

La cuestión es, volviendo al título de este acercamiento a Thoreau ¿por qué nos llamaría hoy Thoreau tontos a la cara? tontos y más cosas, probablemente también algo parecido a irresponsables e incluso cobardes: resumiríamos sus razones en tres: nuestro abandono del campo por la ciudad horrorizaría a este sabio americano, nuestro materialismo (entendiendo por materialismo nuestro gusto por las compras) tampoco sería en absoluto de su agrado y, lo más importante, nuestra tendencia a la colectivización lo dejaría… ¿sin palabras? ¡imposible! sin duda las encontraría con el único fin de tirárnoslas a la cabeza porque Thoreau creía en el individuo por encima de todas las cosas y lo hacía exigiendo para él libertad y le exigiéndole a él responsabilidad; dicho de otro modo, Thoreau no era un demócrata tal y como lo entendemos hoy, es mas, para él ser un demócrata no era un valor, Thoreau no creía en la razón de la mayoría sólo porque fuesen más lo que, ligado a la manipulación de las masas a través del lenguaje y la realidad de la que tan buenas y certeras explicaciones dio George Orwell, nos hace comprender mejor el pensamiento de este sabio americano.

Hacen falta dos para decir la verdad; uno que hable y otro que escuche.

Thoreau se consideraba un ser humano libre y responsable, admitía la existencia del gobierno como mal menor pero advirtiendo desde el primer momento de su nombramiento que el mejor gobierno es el que gobierna menos; creía en la responsabilidad individual, en los derechos individuales, en el individuo como ser humano libre e independiente y por eso era también un activo abolicionista, detestaba la esclavitud. Fue precisamente su desprecio hacia el esclavismo, sumado a su profundo desacuerdo con la guerra contra México que libraba su país, lo que lo llevó a asumir su responsabilidad como ciudadano del modo que consideró más oportuno: dejó de pagar impuestos porque sus impuestos se estaban utilizando no sólo para fines injustos sino para fines que el gobierno electo no había detallado en sus propuestas electorales. Ahí nace su defensa, por la vía de los hechos, de la desobediencia civil.

Cierto es que esa desobediencia le costó sólo una noche de cárcel pero en su defensa hay que decir que él no renegó de su posición, alguien (se cree que un familiar cercano) pagó los impuestos que Thoreau adeudaba y el escritor fue liberado al día siguiente de su detención.

Podemos compartir con Thoreau o no su odio a la urbano y su amor por la naturaleza pero estaremos todos deacuerdo en que el cuidado del medioambiente es una necesidad; podemos compartir con Thoreau o no su planteamiento de desobediencia civil, pero estaremos todos deacuerdo en que exigir claridad en sus planteamientos en campaña electoral y cumplimiento de los mismos a nuestros políticos es algo de sentido común (aunque tenga que hacerse con pactos y, por tanto, renuncias parciales); podemos compartir con Thoreau o no su rechazo frontal a lo colectivo frente a lo individual pero estaremos todos deacuerdo en que formar parte de un colectivo no exime a las personas de su responsabilidad individual ni puede servir jamás de excusa para agredir a quien piensa distinto.

El hombre es el artífice de su propia felicidad.

Y estaremos deacuerdo con Thoreau, o deberíamos estarlo, en que son las personas las que importan, las que son titulares de derechos, no los colectivos ni los gobiernos. Según Thoreau somos libres y responsables de nuestro destino y estos planteamientos suyos inspiraron a grandes personajes de la historia como fueron Gandhi o Martin Luther King, gentes que nunca pidieron al gobierno de turno que les solucionara nada sino que fueron ellos quienen cambiaron el curso de la historia.

A Thoreau hay que leerlo aunque sea para cuestionarlo y hay que hacerlo sabiendo que nos hará pensar y replantearnos muchas cosas, era un liberal irredento, un anarquista pero no un revolucionario en el sentido clásico, su revolución era personal porque más que cualquier idea lo que Thoreau respetaba era al individuo, a la persona.

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