Londres, sus mujeres y hombres (y viceversa) hace un siglo. Mrs. Dalloway.

Mrs Dalloway es una de las novelas más destacadas de la literatura en lengua inglesa.

¡Qué interesante leer Mrs. Dalloway hoy en día! es interesante desde el punto de vista literario y más desde una perspectiva social y personal; esta novela tiene varios niveles de profundidad, el más superficial es la línea argumental: un día en la vida de la señora Dalloway; de ahí en adelante, Virginia Woolf toca directa o tangencialmente temas como el feminismo, la bisexualidad, la enfermedad mental y el suicidio, lo hace entremezclando personajes del pasado y del presente, algunos sacados de los recuerdos de Clarissa Dalloway y otros completamente desconocidos para ella.

Mrs. Dalloway es una novela modernista y también una novela de personajes, es intimista y es innovadora, creada bajo la inspiración, ni más ni menos, que del Ulises de Joyce.

La perfección literaria de esta novela es magnífica, cuando la lees y la relees siempre llegas a la misma pregunta ¿cómo logra Virginia Woolf una novela tan redonda con un hilo argumental tan ligero y un discurso tan caótico en el que se mezclan pensamientos de unos y otros, de unos momentos y de otros, de recuerdos y hechos que acaban de ocurrir? Su talento engarzado a sus lecturas sea, probablemente, la respuesta.

Pero ¿por qué es tan interesante, desde un punto de vista social y personal leer Mrs. Dalloway? por la misma razón por la que es interesante leer hasta la última línea escrita por su autora, Virginia Woolf, porque habla de temas que nos preocupan y nos ocupan actualmente: la discriminación de la mujer indignaba a Virginia Woolf como nos indigna a nosotros, el rechazo hacia los enfermos mentales dolía a Virginia Woolf como nos preocupa a nosotros, el desprecio hacia a una persona que decide acabar con su vida (por razones íntimas y personales, por dolores propios y enfermedades descontroladas, sin ánimo de dañar a nadie más que a sí mismo) era algo tan lejano de las emociones de Virginia Woolf como de las nuestras. Ni la situación de la mujer, ni la del colectivo LGTBI ni tampoco la de los enfermos mentales es hoy la que era hace un siglo pero tampoco es, probablemente, la que nos gustaría. En Mrs. Dalloway Virginia Woolf hila a una historia sencilla, un mundo de pensamientos y emociones que tocan todos estos ámbitos, hay aspectos superados pero otros muchos, en todo lo que tiene de cultural la discriminación, que siguen estando de triste actualidad. Por eso, entre otras cosas, es muy interesante leer esta novela.

Mrs. Dalloway -la novela- contiene muchas de las inquietudes de Virginia Woolf y mucho de sí misma pero no en un único personaje sino esparcidos en varios de ellos: la enfermedad mental y la depresión, así como el suicidio, lo representa Séptimus, el miedo a ser señalados por alguna de esas cuestiones lo representa la italiana esposa de Séptimus, la situación de la mujer la personaliza Clarissa Dalloway y la bisexualidad la joven Sally; cada uno de estos personajes es un poco Virginia Woolf.

Lo cierto es que, más allá del interés que pueda despertar en cada uno alguno de los personajes de esta novela, el de Clarissa Dalloway ejerce una atracción irresistible en nosotros porque descubrimos en ella a la mujer que vive y piensa bajo la represión social de la postguerra, de una sociedad que supura todavía por la herida abierta de una guerra.

La misma profundidad que descubrimos en la novela se manifiesta en su personaje principal; Clarissa Dalloway representa por fuera el papel de perfecta esposa, ‘ángel de la casa’ y, como la llamaba uno de los personajes extraídos de sus recuerdos -Peter Walsh-, la perfecta dama de sociedad; pero en su interior late el corazón de una mujer libre, una que recuerda haber renunciado a un amor -el referido Peter Walsh- porque con él no hubiera tenido ni un mínimo espacio íntimo y personal, era intolerante y controlador, no la hubiera dejado respirar… o así al menos lo recuerda Clarissa.

En Mrs. Dalloway paseamos a través del Londres de postguerra, por sus calles y sus parques, y a la vez a través de los pensamientos y emociones de diferentes personajes, descubrimos entre reflexiones, historias e ideas una ciudad doliente, cosmopolita -la mujer de Séptimus es italiana- e imperialista -Peter Walsh viaja a las Colonias- y descubrimos también una sociedad en la que las mujeres viven bajo el mando de los hombres, una en la que los enfermos mentales generan un notable rechazo y el suicidio es considerado no con dolor sino con crítica, como algo reprochable hasta que alguien descubre en él cierta heroicidad…

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Virginia Woolf publicó esta novela en 1925, dieciséis años antes de poner fin a su vida con ese alarde de heroicidad que, en su caso, vistió de modo más racional: en su carta de despedida dejó escrito que no podía más, que sentía una nueva crisis a las puertas de su vida y que estaba convencida de que en esa ocasión no lograría superarla, no quería ser una carga para nadie, no quería luchar para nada… fin.

Lo cierto es que en su caso no fue heroicidad ni cobardía, ni tan siquiera locura… fue un trastorno bipolar en su cabeza y una depresión casi congénita en su corazón.

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