Lewis Carroll no vivía en el País de las Maravillas.

Lewis Carroll fue un hombre del renacimiento en la Inglaterra victoriana: contador de historias, poeta, matemático, profesor, fotógrafo… y autor de Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas.

Alicia vivió, por obra y gracia de su autor, en el País de las Maravillas pero, por lo que a él respecta, Charles Lutwidge Dodgson (alias Lewis Carroll), nada podría definirse como antítesis de aquel lugar más que su propia vida: entre lo que sabemos y lo que creemos saber además de lo que se sospecha y lo que se rumorea, el cuadro que devuelve su vida no puede ser más victoriano, una imagen perfecta tras la que se esconde un mundo más subterráneo que el que escribió para Alicia: era tartamudo y sordo de un oído, listo a rabiar pero también perezoso a más no poder; padecía además un trastorno neurológico que transformaba su percepción de los objetos (los veía más grandes o más pequeños de lo que era, más lejanos de lo que estaban…), este trastorno era desconocido en su tiempo, de hecho cuando fue descubierto se le denominó como ‘síndrome de Alicia en el País de las Maravillas‘; cuentan, y aquí entramos en el terreno de lo hipotético, que sufrió un trauma cuando se vio forzado a utilizar la mano derecha como un diestro cuando era en realidad zurdo, que pudo haber sufrido abusos sexuales cuando estuvo interno en el colegio y que él mismo, ya de adulto, dio muestras de tendencias pedófilas además de ser diagnosticado como epiléptico (cabe que se tratara de un diagnóstico equivocado porque sólo sufrió dos crisis aparentemente epilépticas en su vida pero el mero éxito del diagnóstico suponía un estigma en la sociedad victoriana); se cuenta que consumía sustancias psicotrópicas (al menos láudano con el objeto de paliar los dolores que le provocaba su artritis) y el colmo de la locura lo representa el rumor acerca de que cabe que fuera él quien se escodiera tras Jack el Destripador.

¿Quién soy en el mundo? Ese es el gran rompecabezas.

Este cuadro tétrico y terrible describe a un hombre de gran inteligencia, profesor de matemáticas, fotógrafo destacado y escritor sin par tanto de cuentos como de poesía y también de tratados lógicos y matemáticos ¿conocías la complejidad que escondía el autor del mítico cuento Alicia en el País de las Maravillas? y es que a todo lo que hemos desvelado ya, cabe sumar un aspecto más, el de la vida religiosa porque Carroll iba para sacerdote aunque, por decisión personal (una decisión de la que desconocemos las motivaciones) nunca llegó a ordenarse.

Fue el tercero de una familia numerosa, muy numerosa, sus padres tuvieron once hijos y él fue el primer varón (aunque no el único); lo excepcional de este asunto no es tanto el número de hijos (algo habitual en las familias inglesas en la época victoriana) sino que todos ellos llegaran a la edad adulta, incluso el bueno de Charles que, para cuando empezó a escribir, jugueteó con sus conocimientos lingüísticos y con su nombre hasta transformarlo en Lewis Carroll: latinizó su nombre que pasó de ser Charles Lutwidge a ser Carolus Ludovicus, para después darle la vuelta y devolverlo al inglés como Lewis Carroll, tal y como ha pasado a la historia de la literatura británica y universal, también a la historia de la fotografía aun a pesar de que no se conserva más que un tercio de toda su obra.

¡Qué pobre memoria es aquélla que sólo funciona hacia atrás!

Es de su obra fotográfica de donde algunos estudiosos de su tiempo concluyen sus tendencias hacia la pedofilia porque una buena parte de las fotografías son de niñas, algunas desnudas pero lo cierto es que no se puede concluir con tanta certeza que eso sea cierto porque, dado que sólo se conserva un tercio del total, no podemos saber si eran en realidad mayoría; además en la época victoriana los desnudos infantiles no eran una cosa excepcional, aparecían incluso en postales navideñas y, por si no fuesen estas razones suficientes, sabemos también que Carroll entregó esas fotos a las familias de las niñas, de hecho durante muchos años se dieron por perdidas como se perdieron los registros que Carroll hacía de cada fotografía y, ante una acusación tan terrible, él mismo destruyó parte de su obra.

Hay quienes dicen, aunque aquí entramos de nuevo en el terreno de lo hipotético, que en realidad estaba enamorado de una de las niñas a la que retrató en más ocasiones (unas cincuenta veces), su nombre era Alice y se hablaba incluso de que era la inspiradora de Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, algo que negó el propio Carroll.

Si cada cual se ocupara de lo suyo, el mundo daría sus vueltas más aprisa.

El segundo ataque frontal a su memoria (porque se produjo ya después de muerto) tiene que ver con quienes lo acusan de haber sido Jack el Destripador ¿a santo de qué tal acusación? cuentan que hay rastros en su obra que anticipan los crímenes que cometería años más tarde… pero lo cierto es que esta acusación es tachada, mayoritariamente, como una idea peregrina sin fundamento real alguno.

No todas las leyendas y rumores que giran alrededor del recuerdo de Lewis Carroll resultan tan tétricos y terribles como los que lo asocian con Jack al Destripador o con la pedofilia, los hay también curiosos y positivos como el que dice que es a él, inteligente, creativo, inventor y escritor de acertijos, a quien debemos la existencia del clásico juego de mesa Scrabble (ya nunca podrás jugar al Scrabble sin pensar en Lewis Carroll).

Profesor de matemáticas, fotógrafo con estudio propio, cuentista excepcional y poeta notable; hombre de letras, amante de los juegos de palabras y los acertijos y hombre de ciencias por su amor a las matemáticas y a la propia ciencia (tenía uno de los microscopios más modernos de su tiempo y le gustaba utilizarlo para observar animales mínimos como las larvas de algunos insectos); todo ello siendo tartamudo, zurdo, perezoso, distraído, epiléptico y cabe que pedófilo y asesino en serie además de habitual consumidor de drogas; heredó la inteligencia de su padre aunque no su perseverancia, algo que en realidad no necesitó porque su brillantez era tal que suplía de largo su pereza (casi siempre, en alguna ocasión le falló como cuando perdió una beca por haber bajado en su rendimiento académico); sin duda Lewis Carroll resulta ser un personaje más que excepcional del que hay mucho que leer aunque lo más destacado, lo que no te puedes perder, son sus dos cuentos más aclamados: Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas y Alicia detrás del Espejo.

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