G.K. Chesterton, el hombre eterno y el príncipe de las paradojas.

G.K. Chesterton, uno de los escritores más creativos que en el mundo han sido, príncipe de las paradojas le llamaban, por la mestría con las usaba.

Chesterton era, en lo ideológico, conservador y eso, desde hace algunas décadas, tiene algo de pecado; tanto es así que siendo como es, indiscutiblemente, uno de los mejores escritores del mundo tanto en el fondo como en la forma, pasaba sin pena ni gloria por el currículo de los estudios de filología inglesa, ahí es nada. Claro que uno no elige lo que le obligan a leer pero sí lo que lee y en cuanto le echas el guante a Chesterton ya no puedes dejarlo…

No puedes dejarlo porque sus narraciones son ágiles y divertidas, interesantes, intrigantes y sugerentes, porque sus paradojas acaban siempre por resultar mágicas y porque su dominio tanto de la historia que cuenta como del modo como la cuenta es, sencillamente, excepcional. Pero empecemos por el principio ¿quién era ese hombre inmenso (orondo como pocos) llamado Chesterton?.

Chesterton nació el 29 de mayo de 1874 en Londres en el seno de una familia de clase media y anglicana, fue bautizado en esa fe, aunque más por tradición que por fe, y creció cómodamente gracias a la buena vida que sus padres le dieron tanto a él como a sus 5 hermanos gracias a la agencia inmobiliaria que regentaban; cabe que fuera el hecho de nacer en una familia numerosa y acomodada lo que le hizo comprender muy pronto la importancia de ese entorno, de la familia en sí, como el hogar del hombre, ese en el que el niño nace y el hombre muere, como decía él mismo.

El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia.

La familia Chesterton, dentro de su acomodo y su buena vida, conoció dolor con la muerte de uno de sus miembros, una hermana de nuestro escritor, ese dolor se reflejó de un modo traumático en todos los miembros de la familia: en casa estaba prohibido hablar de la niña muerta y se retiraron todas sus fotos de la casa, si alguna quedó en su lugar fue dada la vuelta.

Durante su juventud Chesterton se declaraba agnóstico, digno hijo de una familia que se mantenía dentro de la religión anglicana por tradición más que por ninguna otra razón, e inició un camino personal de descubrimiento que lo llevó a coquetear con el ocultismo y a ir avanzando en sus estudios hasta que tuvo claro lo que quería hacer, cuando llegó ese momemto abandonó la universidad y como comenzó a trabajar como periodista.

En 1901 se casó con una mujer que sí tenía fe, era anglicana practicante y propició un acercamiento de Chesterton al cristianimo que acabaría por definir en él su propia filofía, su propia comprensión del hombre; su viaje hacia el cristianismo comenzó pues en el anglicanismo, pasó por una absoluta falta de fe y terminó en el reconocimiento de la iglesia de Roma porque Chesterton se convirtió al catolicismo.

La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza.

Chesterton no sólo es un escritor interesante, fue un tipo interesante en su tiempo, tanto que llamaba la atención ya a primera vista por su oronda figura, por su capa y su sombrero y también por sus despistes: hay anécdotas que cuentan momentos reamente locos ¿un ejemplo?: Chesterton sale una mañana de su casa a un recado, no importa cual, y ya por la tarde escribe un telegrama a su mujer que reza tal que así: –‘estoy en el Mercado Harborough ¿dónde debería estar?’-. Su mujer, que lo conocía bien, respondía sin más aspavientos: –‘en casa’-.

Chesterton trabajó como periodista, llegó a editar su propia revista (GK’s Weekly), escribió crónicas de viajes, ensayos, novelas, poesía… su obra es tan inmensa como diversa y eso a pesar de que no vivió una vida excesivamente larga; murió en su propia casa en junio del 36 acompañado por las dos personas a las que más amó a lo largo y ancho de su vida, su mujer y su hija adoptiva.

¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.

A Chesterton hay que leerlo y podemos leerlo todos aunque a no todos nos interesa leer al mismo Chesterton: si eres de los que quiere leer entretenidas y ocurrentes historias detectivescas al estilo Sherlock, no lo dudes, el Padre Brown te encantará en todas y cada una de sus historias; si eres un poco más de misterios psicológicos, tal vez prefieras a Mr Pond y sus paradojas; por otra parte si lo que te gustan son las alegorías que esconden una intensa e interesante crítica social, El hombre que fue Jueves te enganchará como pocas novelas. Y eso no es todo ¡ni de lejos lo es! Chesteerton también escribió poesía y ensayos, escribió miles de artículos y algunos han sido recopilados en un compendio bajo el título ‘cómo escribir una novela policíaca‘ (si eres un escritor en ciernes ya sabes…); y por último, y no necesariamente en último lugar, insistimos con su obra de pensamiento y ensayística: el hombre eterno, herejes, ortodoxia, lo que está mal en el mundo…

Esto dicho así, como unas sencillas pinceladas para acercarte la obra de un escritor inmenso pero hablaremos más  y más largo y tendido de Chesterton y sus letras.

Y es que Chesteron fue un escritor redondo en todos los sentidos y no debes perdértelo.

Las palabras no se las lleva el viento

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