H. G. Wells, el escritor que amerizó en la luna antes que Amstrong y Aldrin.

H. G. Wells pasa por ser, con el permiso de Julio Verne, el padre de la literatura de ciencia ficción y por eso un astroblema en la cara oculta de la luna lleva su nombre.

Hablar de viajes a la luna y no hacerlo en modo ciencia ficción sería imperdonable y no porque seamos creyentes de esa teoría de la conspiración según la cual ni Amstrong ni Aldrin pisaron la luna, es más, somos creyentes y tenemos fe en que sí lo hicieron, sino porque antes de que la ciencia nos permitiera pisar la luna, la literatura nos permitió soñar con ello. Y si alguien, además de Julio Verne, se especializó en hacer realidad letra a letra lo que no alcanzábamos más que a soñar, ese fue, sin duda H. G. Wells, quien pasa por ser el padre de la ciencia ficción (con el permiso del mentado Julio Verne) y que escribió una novela que trataba precisamente de este asunto, un viaje a la luna; claro que lo que sus personajes encontraron al llegar a nuestro satélite dista mucho de ser lo que Amstrong y Aldrin contaron años después…

Pero no vamos ahora a hablar de una obra concreta de Wells ni mucho menos de los astronautas que pisaron la luna sino del propio H. G. Wells ¿sabes realmente quién fue el padre (uno de los padres al menos) de la literatura de ciencia ficción? porque te anticipamos que, si sabes poco más que a él le debemos la mítica historia de la Guerra de los Mundos o el Hombre Invisible, hoy te vamos a sorprender ¡y no poco! porque H. G. Wells fue, también, el hombre que entrevistó a Lenin y a Stalin, claro que, hasta llegar ahí, su vida dio algunas vueltas.

La civilización es una carrera entre la educación y la catástrofe.

Nació en en Bromley, Kent, el 21 de septiembre de 1866 en una familia de clase media venida a menos, algo que Herbert George Wells, quien tuvo desde niño Bertie por apodo, sobrellevó como pudo; los ingresos familiares procedían de una tienda adquirida por su padre que resultó ser un negocio, como poco, mediocre y de lo que éste ganaba como jugador profesional de cricket; cuando Bertie tenía 8 años sufrió un accidente y se rompió una pierna pero, como no hay mal que por bien no venga, el pequeño Wells aprovechó el tiempo de reposo en casa para leer todo lo que caía en sus manos; era su padre quien le traía libros de la biblioteca local para que matara el rato, cosa que Wells hizo de buena gana leyendo a Dickens o a Washington Irving entre otros clásicos; para cuando regresó al colegio se moría de aburrimiento con las clases, mucho más insulsas para él que los libros que le habían acompañado durante su convalecencia; se fraguaba ya entonces el gran escritor en el que se convertiría.

Otro de los hechos que marcó su infancia fue la muerte de su hermana Fanny porque ésta destrozó, casi literalmente, a su madre, una mujer piadosa que trató de inculcar la fe en sus hijos hasta aquel terrible acontecimiento, Wells llegó a reconocer que la pérdida de fe por parte de su madre fue, probablemente, la fuente de la que bebió para acabar siendo también él un tanto descreído en lo que a la religión se refería.

En 1877 un nuevo desastre daba otra vuelta de tuerca a su vida: su padre sufrió un accidente que lo incapacitó para seguir jugando al cricket y, dados los exigüos ingresos que generaba la tienda, la familia se vio sumida en una situación, si cabe, más precaria, de ahí que Bertie y sus hermanos tuvieran que buscarse algún trabajo; Wells trabajó en una tienda de textiles pero si el colegio le aburría el trabajo era todavía peor, tal era su despiste que comenzó a dar mal el cambio a los clientes al cobrarles y, al parecer, alguno se aprovechó de ello ¿resultado? como no podía ser de otro modo, Bertie fue amablemente despedido. Después trabajó como ayudante en una escuela regentada por su tío, ahí las cosas fueron mejor pero duraron poco porque su tío cerró la escuela. Su siguiente trabajo fue en un almacén de paños pero la experiencia fue tan desesperante como en la tienda de textiles y Wells se despidió a pesar de los lamentos de su madre, quien por aquel entonces trabajaba como ama de llaves para una familia rica.

La historia humana es en esencia una historia de ideas.

Wells se traslada entonces a Midhurst y consigue empleo como  ayudante de un boticario, momento que aprovecha para matricularse en la escuela nocturna ¿qué pensarías que estudiaba? pues no, no literatura, ni lengua, ni filosofía… ciencias, se sentía terriblemente atraído por las ciencias y buena muestra de ello la da cuando en 1884, tras conseguir una veca, se traladó a Londres y comenzó sus estudios de biología; se convierte en un fiel lector y seguidor de las teorías de Darwin (algo de lo que tuvo parte de culpa Huxley, que fue su profesor) y comienzan a mezclarse en su cabeza sus inquietudes, sus lecturas y sus estudios aliñados con una brutal capacidad creativa. Se cuenta en su biografía que aquella temporada de estudios de biología fue el primer momento de toda su vida en el que fue feliz.

Aquel tiempo feliz se vio parcialmente truncado por los problemas de salud que arrastraba y que le obligaron a abandonar sus estudios, un abandono que, dado que tuvo como consecuiencia su consagración a las letras, bien podemos considerar afortunado; en 1895 publica su primera novela, La Máquina del Tiempo. En esta época lo de Wells es la novela científica pero pronto cultivará también otros ámbitos literarios ligados, especialmente, al mundo que le rodeaba y los seres humanos con los que convivía.

Si decimos que HG Wells fue un inteletual de izquierdas no estaremos faltando a la verdad pero sí siendo un tanto imprecisos porque del mismo modo que Orwell se declaraba comunista pero en ningún caso stalinista, Wells se declaró siempre socialista y se opuso frontalmente al comunismo; cabe que fuera por sus ideas de izquierdas que tanto Lenin como Stalin contaron con él en los viajes a Rusia que organizaban para intelectuales occidentales, viajes en los que se les mostraba la una Rusia idílica con el único fin de la que la contaran de vuelta a casa. En 1920 Wells entrevista a Lenin y en 1934 a Stalin, de ambos viajes regresa con sus ideales socialistas intactos si bien se muestra menos crítico con los dos líderes ruso de lo que lo era antes de estos viajes, llegó a definir a Lenin como a un mero soñador…

No es tan fiero el león como lo pintan.

¿No vio HG Wells o no quiso ver lo que estaba ocurriendo en Rusia mientras Lenin primero y Stalin después lo convencían del paraíso que representaba para los rusos el comunismo? es difícil responder a esa pregunta, especialmente cuando otros intelectuales (que no fueron invitados a Rusia) sí eran conscientes de la realidad rusa tras la versión propagandística del régimen (Orwell, sin ir más lejos); sea como fuere, cuando Wells entrevistó a Lenin en 1920 las chekas trabajaban a pleno rendimiento en Rusia y cuando hizo lo propio con Stalin en 1934 se estaban fraguando los terribles ancontecimientos, gulag incluido, que tendrían lugar a finales de esa misma década (la de los años 30).

Como socialista convencido, Wells entra a formar parte de la Sociedad Fabiana, germen de lo que es hoy el partido laborista inglés, allí coincidió con George Bernard Show que, si bien fue junto a Chesterton una de las figuras destacadas que defendió a Wells cuando le llovían las críticas tras publicar su novela feminista Ana Verónica, fue también su antagonista en cuanto al modo en que cada uno de ellos quería implantar el socialismo en Europa.

En cuanto a su vida personal, HG Wells vivió una vida intensa, se casó dos veces y tuvo cuatro hijos pero, además mantuvo cuando menos otras dos relaciones importantes, una de ellas con Rebecca West que además de ser una importante escritora feminista de su época, fue la madre de su cuarto hijo.

Y después de este repaso sobre la vida de HG Wells cabe que todavía te preguntes ¿por qué decimos que llegó a la luna antes que Amstrong y Aldrin? por una doble razón: su novela ‘Los primeros hombres en la luna’ y el homenaje que recibió del mundo científico: hay  un astroblema en la cara oculta de la luna que  lleva su nombre.

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