Jane Eyre, una cenicienta de las de verdad, libre e independiente.

Jane Eyre es una de las más bellas novelas de la literatura universal, una protagonizada por una mujer que, en un alarde de libertad e independencia inusual en su tiempo, no se consideraba más ni menos que nadie ni consentía que nadie le dijera lo que debía o no debía hacer.

Dicen ahora que las niñas han de leer menos cuentos ¡qué consejo tan errado! lo que tienen que hacer las niñas es leer más cuentos, cuentos nuevos y cuentos viejos, para descubrir en ellos nuevas heroínas y los niños, los niños también tienen que leer más y mejores cuentos para descubrir que los héroes no son siempre caballeros ni siempre tipos con toda su barba; y por supuesto quien dice cuentos dice novelas, es más, dice especialmente novelas porque cuando juzgamos la literatura clásica con los parámetros de los cuentos clásicos, léase, héroes guapos, jóvenes, príncipes y siempre ellos, heroínas apenas existentes y protagonistas siempre bellas y rubias cuando no simples y tontas de remate, estamos relegando al olvido a héroes y heroínas que no sólo no encajan en ese estereotipo tan absurdo sino que además son de los que nos gustan y de los que tienen todavía mucho que enseñarnos por más que cuenten sus años por siglos. Jane Eyre y el Sr Rochester rompen ambos con el estereotipo de lo que solemos entender por héroes y heroínas, él porque porque tiene alma de antihéroe, porque trata de ser egoísta sin saber bien como y ella porque defiende como nadie su libertad de hacer lo que considere oportuno y conveniente con su vida incluso, llegado el caso, contra su propio corazón; es ahí donde se produce el choque frontal con el Sr Rochester, él no quiere, no sabe y no puede vivir llevando la contraria a su corazón mientras ella no duda en hacerlo si su corazón la lleva por caminos que considera inadecuados, inconvenientes… o simplemente por caminos que no quiere recorrer, ambos contradicen con sus actos las costumbres de su tiempo y las de los héroes y heroínas del momento.

No creo que tenga usted derecho a darme órdenes simplemente por ser mayor que yo o por haber visto más mundo; La superioridad, en todo caso, vendría dada por el provecho que haya extraído de ese tiempo y esas experiencias.

A Jane Eyre le importa un bledo lo que piense y diga la gente y, por si hubiera alguna duda, eso es algo que confirmamos al final de la novela; es fácil dejarse llevar al principio de sus escarceos con el Sr Rochester por los pensamientos simples y humanos y decidir que Jane miente cuando él le dice ¡nadie lo sabrá! y ella responde ¡lo sabré yo y con eso basta! pero cuando llega el final, cuando no hay ya impedimentos entre ambos salvo que él es sólo una sombra de lo que fue y ella, que era una sombra al principio de la novela y es ya una mujer libre, independiente y con una economía saneada, donde dijo digo dice Diego y demuestra que ni entonces ni ahora le importa un rábano lo que piense ni diga nadie, lo único que le importa es sentir que se respeta a sí misma. Y es que lo que le ocurre a Jane Eyre es que tiene su propio código moral y actúa en base a él cuidándose mucho de imponerlo a los demás ¿habráse visto mayor alarde de independencia y libertad? Ella como nadie defiende que los caminos fáciles no llevan nunca a lugares a los que merezca la pena ir.

Las leyes y los principios no son solo para los momentos que están libres de tentaciones, sino para momentos como este, cuando el cuerpo y el alma se amotinan contra su rigor. Cuanto más severos me parezcan, menos debo violarlos. Si pudiera olvidarlos por mi propia conveniencia, ¿Qué valor tendrían?

Si no conoces a Jane Eyre cabe que ahora estés pensando que hablamos de una novela romántica protagonizada por esa mujer en cuestión pero, de ser así, te estarás quedando lejos de la realidad: Jane Eyre tiene algo de novela romántica, sí, pero también algo de novela costumbrista, una no pequeña dosis de drama e incluso unas importantes gotas de thriller. En Jane Eyre hay madrastras malas como las de los cuentos y un hermanastro tan horrible que deja a las hermanastras de Cenicienta como simples aprendices de bruja, hay amas de llaves como corresponde a las mansiones de la aristocracia inglesa, familiares lejanos que han hecho fortuna allende los mares, secretos enterrados en imponentes mansiones, hay engaños y mentiras, padres dictadores y hasta alguna que otra catástrofe pero lo que hay, por encima de todo, es una mujer capaz de mirar a un hombre a los ojos y decirle cosas como éstas: »¿Cree que porque soy pobre, silenciosa, discreta y menuda soy también un ser carente de corazón y de alma? Pues se equivoca: ¡Mi alma es tan real como la suya, y también mi corazón! Y si Dios me hubiera dotado de un poco más de belleza y de mucho más dinero, le habría puesto tan difícil abandonarme como lo es para mí ahora tener que dejarle. No le hablo de costumbres, ni de formalismos, ni siquiera de la carne mortal: es mi espíritu el que se dirige al suyo, como si ya ambos hubieran cruzado el umbral de la muerte y se encontraran como iguales postrados ante Dios. ¡Porque así somos, iguales!’‘.

No necesito vender el alma para lograr compañía. Poseo un tesoro interior, innato, que puede mantenerme viva si todas las satisfacciones externas me fueran negadas, u ofrecidas a cambio de un precio que no estoy dispuesta a pagar.

Cuentan que Jane Eyre fue fruto de una apuesta entre las hermanas Brönte ¿a qué no eres capaz de escribir una novela protagonizada por una heroía fea y que la gente la lea? algo así debió decirle a Charlotte una de sus hermanas (Emily o Anne, ambas escritoras como ella) y, sin pensárselo dos veces la intrépida Charlotte comenzó a describir a una mujer a la que, según las costumbres de la época, se le había pasado ya el tiempo de casarse, menuda, fea, triste y con un futuro peor que el de una criada porque ser institutriz dejaba a las mujeres en tierra de nadie, no podían relacionarse libremente con los criados porque tenían una consideración social más elevada que ellos pero tampoco podían relacionarse con la aristrocracia, no alcanzaban su nivel ¿qué les deparaba entonces la vida? con suerte el cariño de sus alumnos, sin suerte ni tan siquiera eso. ¿Se pueden imaginar mayores contrariedades? se puede, sí: ser institutriz en una mansión apartada, tan alejada del mundo que ni tan siquiera puede uno darse un paseo por el centro de una ciudad, sólo por la naturaleza (naturaleza y clima ingleses…) y en la más absoluta soledad.

Yo no soy ningún pájaro, ni estoy atrapada en red alguna. Soy un ser humano libre, con voluntad propia, que ahora quiere apartarse de usted.

Y partiendo de ese cuadro inicial, Charlotte comienza a contar la historia de Jane, las cosas que le suceden, como las vive, las entiende y las asume, como se rebela contra lo que considera injusto e inadecuado y como, tras superar tamañas tempestades, llega a su destino soñado; esa es la razón por la que Jane Eyre es una feminista de pies a cabeza y una heroían de arriba abajo, porque toma sus propias decisiones (nos gusten o no, las compartamos o no), porque no se considera más ni menos que nadie y porque vive como piensa sin permitir que nadie, ni tan siquiera gentes que tiene en alta consideración y estima, le impongan nada que sea contrario a su manera de ser y pensar.

Voy a mantener a los principios recibidos por mí cuando estaba en mis cabales, y no loca como lo estoy ahora. Las leyes y los principios no sólo son para los tiempos en los que no hay tentación…Tienen un valor.

Créenemos, que las heroínas de antaño sólo sirven a un modelo caduco de sociedad es mentira, no porque la sociedad no haya cambiado o porque no lo hayan hecho las mujeres (y los hombres) sino porque ser fiel a uno mismo y defender su independencia y libertad no pueden ser nunca valores desechables y eso es precisamente lo que hace esta heroína de antaño llamada Jane Eyre.

Las palabras no se las lleva el viento

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