El curioso caso de Benjamin Button o cómo a veces somos incapaces de ver lo evidente.

El curioso caso de Benjamin Button es un cuento para no dormir, una distopía interesante y con más aristas de la que parece a simple vista.

Nos gustan los cuentos de Francis Scott Fitzgerald, especialmente los que menos gustaban a los editores de revistas de su época que fueron también los que más le costó vender –El diamante tan grande como el Ritz, por ejemplo- y nos gustan porque en ellos encontramos más de su escritor que en sus novelas (excepción hecha de El Gran Gatsby); de hecho, el propio Fitzgerald nos lo advierte: les he pedido demasiado a mis emociones, decía, 120 cuentos. El precio era alto, añadía, como lo fue para Kipling, porque había una gota de algo que no era sangre, ni una lágrima, ni mi semilla, sino algo mío más íntimo que eso en cada cuento: algo ‘extra’, que era mío. Ahora se ha ido ya soy exactamente igual que todos.

Pero hoy no vamos a saltar de cuento en cuento ni a divagar sobre todos ellos juntos y a la vez, hoy vamos a recomendarte sólo uno para que lo leas con la mente abierta y la mirada crítica, para que te abstraigas de lo más evidente de la historia que Fitzgerald nos cuenta y descubras el magnífico alegato de la ceguera que esconde un cuento que es, de facto, una distopía. Hablamos de El curioso caso de Benjamin Button.

En este cuento Fitzgerald nos cuenta la historia de un niño que nace anciano y que, en lugar de crecer y envejecer, decrece y rejuvenece hasta la misma cuna, no vamos a contarte más porque a nada que digamos diremos demasiado (mucho hemos dicho ya, de hecho) y sólo te explicaremos por qué queremos que leas este cuento y por qué esconde todo un alegato a la ceguera. No hay peor ciego que el que no quiere ver‘ dice la sabiduría popular y tal vez sea cierto, probablemente lo sea de hecho, pero no es menos cierto que tampoco es buen ciego el que no ve porque no comprende y algo de eso hay también en este cuento.

El caso de Benjamin Button es más que curioso, es único y por eso nadie lo comprende, es precisamente esa incomprensión o la incapacidad de vivir con ella lo que lleva a quienes rodean a Benjamin a cegarse, a negarse a ver la realidad; ni el padre de Benjamin Button ni después su esposa ven lo que sucede, tampoco el hijo de ambos… nadie ve lo que le sucede a Benjamin y unos y otros le recriminan su comportamiento que no es nunca el que corresponde a su edad real ¿es que no ven que está haciendo el camino inverso? ¿no ven que su vida discurre al revés? no lo ven, ahora bien ¿no lo quieren ver porque no quieren afrontar una realidad que les asusta o no lo pueden ver porque en su desconocimiento la incomprensión los lleva a la ceguera? sea como fuere el caso es que no ve lo que tienen delante de sus narices.

Y ésta es sólo una pequeña reflexión a cuento de esta distopía porque, a pesar de tratarse de un relato breve, la historia da para muchas más, especialmente si nos ponemos filosóficos y nos dejamos llevar por los senderos del sentido de la vida ¿qué sentido tiene la vida? de hecho este cuento surge de una queja en ese sentido ¡lástima que cuándo más sabes y entiendes sea cuando se termina la vida y no a la inversa! después de leer El Curioso Caso de Benjamin Button no sabemos si lo considerarás una lástima… lo que seguro lamentarías es vivir la vida del revés y que nadie se diera cuenta o, a lo peor, no darte cuenta ni tan siquiera tu mismo ¡cuidado! aquí queda la lección de Fitzgerald, cuidado no estés siendo como el padre, la esposa o el hijo de Benjamin Button, no seas ciego a lo evidente…

Las palabras no se las lleva el viento

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