Rudyard Kipling, el primer Premio Nobel de Literatura inglés era indio.

El poeta del imperio, le llamaban, y cabe que lo fuera (o no). Lo que sí fue (y es), además de un magnífico poeta, es uno de los mayores cuentistas que el mundo recuerda. Hablamos de Rudyard Kipling.

Kipling era un cuentista y un poeta, un hombre complejo y también polémico a ratos, creador compulsivo y viajero incansable, hombre de mundo y hombre del mundo. ¿Quién hubiera pensado que aquel niño nacido en Bombay allá por 1865 se convertiría en el primer Premio Nobel de Literatura británico? y era además el escritor más joven hasta entonces en recibir tal galardón, contaba 42 años.

Sus padres eran británicos pero viajaron a la India, entonces colonia del Imperio Británico, por asuntos de trabajo puesto que su padre era Oficial del Ejército Británico; cuentan las crónicas de la época que su madre era una mujer de pies a cabeza, poco temerosa del mundo y que su padre era también escultor y alfarero. El pequeño Rudyard pasó junto a ellos los primeros seis años de su vida, momento en el que ambos tomaron una decisión muy común entre los británicos desplazados a algunos de los rincones del vasto Imperio Británico: mandaron a su hijo a un colegio interno en Inglaterra para que recibiera una educación tradicional, no viajó solo, su hermana iba con él pero ni tan siquiera ser el hermano mayor dio ánimo y consuelo al pequeño Rudyard, que detestó siempre aquellos años, seis años en un internado inglés.

Aquellos años Kipling los recordaba con tristeza y dolor, es verdad que tenía familiares en Inglaterra y pasaba con ellos las fechas señaladas -las vacaciones en casa de sus tíos maternos fueron, según contaba el propio Kipling, el paraíso que lo salvó-, también tenía a su hermana pero aun con todo echaba de menos a sus padres ¿quién no lo haría con tan solo seis años? y con siete, ocho, nueve… tenía once años cuando su madre viajó de vuelta a Inglaterra y Rudyard pudo abandonar el internado.

Seis honrados servidores me enseñaron cuanto sé; sus nombres son cómo, cuándo, dónde, qué, quién y por qué.

El pequeño Kipling continuó sus estudios en Devonshire y, llegado el momento de la universidad, volvió a la India ¿las razones? no se veía capaz de hacerse con una beca y sus padres no disfrutaban una situación económica lo suficientemente desahogada como para pagarle los estudios; además su padre, que seguía en Asia, le consiguió un trabajo en Lahore (Pakistán) y el bueno de Kipling no lo dudó y se embarcó rumbo a su futuro.

En Lahore conoció a su primera amante y su amor más verdadero… se refería a su trabajo como redactor de La Gaceta Civil y Militar porque, en lo sentimental, ya había experimentado el calor de las fechas de Cupido en Devonshire; entonces se enamoró de Florencia Garrard, una mujer a la que siempre recordaría (como se recuerdan siempre los primeros amores).

Lo de Kipling con la literatura fue amor a primera letra, en La Gaceta Civil y Militar trabajaba seis días a la semana durante todo el año pero su capacidad y necesidad de escribir era magnífica, incontenible; publicó sus primeras compilaciones de poemas y también cuentos regularmente en La Gaceta; fue precisamente su buen desempeño lo que le facilitó su paso a El Pionero, otro periódico del que La Gaceta era algo así como el hermano pequeño pero ni aun así fue suficiente, Kipling seguía escribiendo casi compulsivamente y publicando su obra.

Si encomiendas a un hombre más de lo que puede hacer, lo hará. Si solamente le encomiendas lo que puede hacer, no hará nada.

En 1889 todo cambió. Fue relevado de su cargo en El Pionero y convirtió el contratiempo en oportunidad. Decidió regresar a Londres, salió de la India en marzo y llegó a Liverpool en octubre después de vivir un magnífico viaje por Estados Unidos y Canadá en el que conoció a Mark Twain.

Su viaje de niño a Inglaterra, de regreso a la India años más tarde y su segundo viaje a Londres pasando por Estados Unidos y Canadá, además de los viajes que hizo por la India y Pakistán en su segunda estancia en Asia, serían ya suficiente para que considerásemos a Kipling como el escritor viajero de las letras británicas pero hubo más, Kipling era algo así como un alma inquieta que tomaba las letras como arma para contarse y el mundo como paraíso para visitarlo.

Pasó dos años en Londres pero tenía ciertos problemas de salud y sus médicos le recomendaron un nuevo viaje; se embarcó rumbo a Sudáfrica y de allí a Nueva Zelanda, pasó también por la India para ver a su familia pero regresó a Londres antes de lo previsto, en cuanto recibió noticia de la muerte de su buen amigo (también escritor y editor) Wolcott. A saber si tenía idea de ello antes de su viaje o no… el caso es que en 1892 Kipling se casa con la hermana de Wolcott y se embarcan en un magnífico viaje de luna de mil que los llevó a Estados Unidos… ¡y a Japón!. Instalaron su residencia en Estados Unidos y celebraron la llegada de su primer hijo, una niña que se llamó Josephine.

Cabe que la pequeña Josephine sirviera de inspiración a su padre (o incluso que ni eso fuera necesario) pero lo cierto es que fue entonces cuando Kipling escribió uno de los cuentos más bellos del mundo: El Libro de la Selva. El éxito de este cuento, también de su segunda parte así como de otras obras como Capitanes intrépidos, fue notable; además se respiraba armonía en la casa de los Kipling y en Acción de Gracias de 1894 recibían a Arthur Conan Doyle, otro ilustre escritor británico, el creador de Sherlock Holmes, de esta época. Dos años más tarde, en 1896, nace su segunda hija y ese mismo año regresa con su familia y su ya notable fama a Inglaterra, donde nacería su primer hijo varón.

Kipling parecía un hombre hecho para escribir y viajar, hacerlo con niños pequeños no suponía inconveniente alguno para el escritor que en 1898 se embarca con la familia al completo rumbo a Sudáfrica de vacaciones; un año más tarde viajaría con su hija Josephine a Estados Unidos pero ella nunca regresaría a Inglaterra, falleció a causa de una pulmonía.

En los primeros años del S.XIX Kipling era un escritor famoso pero también polémico por diversas razones, era considerado el poeta del régimen y había dejado ver en algunas de sus obras su apoyo al imperialismo inglés lo que le había reportado apoyos pero también detractores; además se había permitido rechazar reconocimientos tan notables como la Orden de Caballero que lo hubiera nombrado ser, la Ordel al Mérito e incluso el Premio Nacional de Poesía.

La victoria y el fracaso son dos impostores, y hay que recibirlos con idéntica serenidad y con saludable punto de desdén.

En 1906, para alegría de algunos y lamento de otros tantos, recibió, y esta vez sí acepto, un premio formidable: el Premio Nobel de Literatura que lo convertía en el primer británico en obtener tamaño reconocimiento.

Haber pasado su vida viajando siendo como era un hombre observador, le había permitido saber del mundo mucho más de lo que mucha gente podía tan siquiera imaginar y por eso Kipling vio venir la I Guerra Mundial antes que muchos, la predijo, advirtió de la necesidad de preparar los ejércitos para recibirla pero los políticos de su época achacaron su predicción no tanto a su conocimiento del mundo como a su gran afán patriótico e ignoraron sus advertencias. Lo que no sabía Kipling cuando hacía tales advertencias era que esa guerra se llevaría por delante la vida de su único hijo varón, contaba tan solo 18 años cuando moría en el frente en su primera batalla.

En 1910 publica una nueva compilación de poemas que inclueye el que pasa por ser el mejor de todos los que nunca compuso: If (Si), del que no diremos ahora mucho porque merece, a nuestro entender, una lectura pausada y relajada además de un análisis más profundo.

Por si no fuesen suficientes sus polémicas ligadas a sus ideas políticas o a su particular idea acerca de los premios literarios o distinciones de cualquier otro tipo, hubo quien vio, pasado el tiempo, el símbolo nazi sobre algunas de las portadas de Kipling y se vio asociado a ese movimiento pero lo cierto es que nunca tuvo relación alguna con los nazis ni apoyó en modo alguno su locura; el símbolo que utilizaba Kipling era la sauvástica 卍, no la esvástica 卐 que utilizaron los nazis. ¿Y qué significa la sauvástica? era un símbolo hindú que hacía referencia al dios Ganesha, patrono de las artes y las ciencias. El propio Kipling, temiendo que su sauvástica fuera confundida con la esvástica y él tomado por simpatizante nazi, pidió a su editor que dejar de utilizarla en sus libros.

Además, como sucediera con la I Guerra Mundial y por si cupiese todavía alguna duda a cerca de sus convicciones ideológicas, Kipling también predijo la II Guerra Mundial y dejó su advertencia a Gran Bretaña escrita en un ensayo titulado ‘la isla indefensa‘.

Tras la muerte de su hijo tanto su salud como la de su mujer se resintió, sólo les quedaba una hija viva, ya casada y fuera del hogar familiar, por lo que Kipling y su esposa retomaron su pasión de siempre: viajar. En 1936, sin que hubiera dejado nunca de escribir ni de viajar, el cuerpo de Kipling decía que para él ya había sido suficiente y ponía fin a la vida de uno de los más grandes escritores que en el mundo han sido. Sus restos descansan en la Abadía de Westminster, en el rincón reservado a los grandes de las letras británicas, Poet’s Corner, en el que también descansan otras plumas ilustres como las de Chaucer o Dickens.

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